Cuentos
Hoy no sé porqué, y tampoco lo sabré mañana. No me apetece analizar a fondo esas noches en que invento un mundo diferente, aunque no lo elija yo… Maldito subconsciente. Sensaciones irreales sin mi permiso, quién se habrá creído que es… Todavía no entiendo porqué lo intento si sé que no voy a poder. Un día saldré a la calle sonriendo como antes, como hacía antes. Y será dentro de muy poco; hace tanto ya…
Y ese día en que me apetezca sonreír a la vida volveré a ser yo. Nunca he dejado de serlo. Pero mirándolo de otro modo un día perdí algo que no he vuelto a encontrar, algo que me protegía. Y mira que dicen “si lo necesitas, búscalo”. Total, ¿para qué? No sé si existes y no te voy a ir a buscar. Desde que perdí los zapatos siempre tengo frío.
Pude ver en un cristal cómo va pasando el tiempo. Las agujas del reloj marcaban cuánto he perdido, y era demasiado para lo que yo misma quería creer. Hoy echo de menos muchas cosas. Si el tiempo pone a cada uno en su lugar, que me lleven pronto al mío, me he perdido por el camino…
Abrazos sinceros, palabras sin titubeos. ¿Qué fue de todo lo que perdí? Lo material no sirve de nada en este tipo de situaciones, siempre lo he dicho: sólo quiero tener lo que nadie puede ver. Ese nadie no me va a regalar una risa, un buen momento para recordar, un beso. No es la vida quien regala estas cosas, no te equivoques como yo, no esperes. Mira que es sencillo y que no se puede traicionar, no pido más. No quiero perder más. ¿Quizá amistad? Lo siento, no puedo recordarlo todo.
A lo mejor aquel día no perdí los zapatos… me los olvidé… ¿o me olvidaron ellos? Flores de papel en una mano y nada que proteja hoy mis pies. Ya no sé por dónde ando. Quiero volver. El otro día le dije a un pajarito que los deseos de cosas imposibles siempre se quedan en eso. ¿Sabes? Creo que a veces me sentía feliz. Tantas veces… Sigue lloviendo todavía bajo mi paraguas. Aún llueve y no estás conmigo, existas o no, para verla caer. Con lo bonita que puede llegar a ser la lluvia si la ves conmigo, o la soledad que puede provocar si con nadie la ves. Un estado de ansiedad que afecta al sentimiento y a la razón; que te da una y mil vueltas pero sólo tú decides si quieres que te conmueva o no.
Puede ser que dentro de poco te alcancen mis palabras y ya no te vuelvas a ir. O puede que no vuelvas más por aquí. Hoy no me siento a gusto con la vida porque ya no veo amanecer. Para mí todos los días son noches, y las noches son ese breve espacio de tiempo en que te invento sin querer. Pero no quiero, me despierto viendo cómo todo vuelve a ser lo mismo, el pan de cada día, y, terca de mí, sigo insistiendo en el error…
Quiero oír una voz que me hable sin palabras, que me escuche hablar cuando regale una sonrisa, que me pueda acariciar con un suspiro, que se preocupe cuando no esté y me grite cuando no se sienta bien. Quiero compartir una sensación de pensamiento, fundir dos miradas y quemarte con el mismo fuego, atravesar hasta la piel para sentir lo de más adentro.
Hasta que llegue un día de esos, ¿me haces un favor? No te molestes en sonreír con la mirada a los demás, porque nadie se fijará. Ellos quizá también se vayan un día, al igual que mis demás se fueron. Prefiero estar a gusto sonriendo para mí misma y verme feliz así en pequeños momentos que no encajan en el ayer, ya que esas otras cosas invisibles son las que sólo descubre la oscuridad. No busco una ilusión en un mar de mentiras que se enredan en hipocresía y apariencias. Y oye, a todo esto… No se lo digas a nadie y haz como si no lo supieras.
Hoy intenté buscarme en el ayer, y me volví para mirar en el espejo otra vez. Encontré mi reflejo y me gustó. Y a quien no le guste, que no mire. ¿O me vas a decir que no? Ya no te culpo por no existir en días como éste, porque para eso estoy yo siempre; y tampoco te culpo por existir y no estar aquí. Mañana dejará de importarme como tantas otras cosas. Mi voz no perderá el valor, seguirá gritando, y nunca lo sabrás. A veces me gusta pensar que nunca lo has sabido… ¿Y tú qué, me miras o te escondes?