Secretos
Puede que me haya equivocado de camino. Sí, es posible. Puede que no avance por eso, porque camine en círculos. Pero es igual, porque no estabas tú para decirme “ven conmigo”. No, no estabas. O puede que sí, pero no me decías nada. En realidad, pocas veces has estado; como todos. Cuántas veces han podido resonar en mi cabeza cientos de estúpidas preguntas… Palabras, al fin y al cabo sin sentido, que se amontonan y salen todas juntas; o en el peor de los casos, que nunca salen, aunque fuese a media luz.
Puede que me haya equivocado en muchas más cosas. El estar seguro o no de algo a veces es tan relativo como los cambios de humor, que van y vienen, vienen y se van. Cambiamos de lugares, cambiamos de gentes… ¿y si los que cambiamos somos nosotros? Empiezo a odiar todas las preguntas que comienzan con “¿y si… ?”. Pues sí, claro que lo hacemos. No hacemos otra cosa sino cambiar. Menos dejar de pensar.
Ojalá fuera tan fácil, y en cambio, todo es tan relativamente difícil… Cuanto más deseamos algo, más difícil se vuelve. Esas veces que parecemos tener sobre la cabeza una nube constante, y no para de llover… Tiempos de lluvia, una lluvia que se hace ininterrumpible. Vete con ella, o acércate más. Pero si por cada paso que avanzas son tres los que retrocedes, no llegarás nunca, ni dejarás llegar a los demás. No me dejarás llegar a mí. Y en el fondo me pregunto por qué.
Preguntas y palabras sin sentido, sin expresión, sin respuesta, sin motivo, sin personalidad, sin ti… sin todo, con nada. Ni siquiera con locura. Y es que cuando no hay nada, ni dentro ni fuera de tí, y se abre un vacío ante tus ojos, no sabes dónde estás, no sabes por qué estás ahí, no sabes qué hacer… y decides no hacer nada, te conviertes en algo con un mínimo soplo de vida, que se te escapa cada vez que respiras. Y así te consumes. Hay quien dice que apenas se nota. Intentamos fingir que queremos llegar al cielo, cuando lo único que pretendemos es tocar el suelo. Pero es algo positivo. Si tocas el suelo, tocas la realidad, fuera de tus pensamientos, de tus preguntas, de tus palabras. Eso ya me gusta más: realidad. Por muy mala que sea, no te deja subir a las nubes, sino que te nubla la frialdad, ser frío te hace sentir menos… No se siente dolor, qué alivio.
Pero resulta que para ser humano hay que sentir. La regla de tres se vuelve contra mí. Bueno… está bien. Quiero sentir. Quizá lo necesite, pero no es algo que guste expresar. No, pero también tú expresabas más antes. ¿Antes de qué? Basta de preguntas. Exprésate de una maldita vez, con toda la libertad que te apetezca. Porque tampoco son buenos los interrogatorios. Di lo que piensas, cómo y cuando quieras.
ERES LIBRE…